Un tirano de poca monta... 🇪🇦
Un tirano de poca monta.
España es esa maravillosa montaña rusa llena de emociones y de altibajos. De ser los reyes del mundo, a estar en la cola de Europa. De dominar los mares, a suplicar zonas de pesca. De poseer el mundo civilizado, a pelear por recuperar un pedrusco habitado por unos tipos con acento andaluz pero absoluta convicción de ser hijos de la Gran Bretaña. De las cartillas de racionamiento, al milagro español tras el «Plan de Estabilización de 1959». Es y siempre será así. Algunos lo lamentan, pero desde luego, los amantes de la historia lo agradecemos enormemente.
La realidad es que España no es Bélgica. No es algo cuya supervivencia se pueda definir un papel oficial. España es mucho más que eso. Esa es su grandeza. Nuestro país se ha enfrentado a numerosos enemigos internos y externos. Todos ellos, sin excepción, tenían como objetivo destruir la nación española. Todos fracasaron. Y en esta ocasión, un tipo que estaría atendiendo en Cortefiel (siendo optimistas) o repartiendo las toallas en las saunas gays de su suegro millonario, tampoco podrá. Para tumbar a España hace falta mucho más que un advenedizo que jamás pensó que los españoles serían tan estúpidos de otorgarle la presidencia del país. De la mano de un escudero que trata de emular a un dieciochoañero con aspecto ridículo, de una analfabeta funcional como vicepresidenta y ministros que tienen dificultades para escribir un ‘’tweet’’, su fracaso está asegurado.
Los españoles son ciudadanos que pasan de ignorar un problema, a montar un 2 de mayo. Muchos lo encontramos desesperante porque podríamos evitar tocar fondo antes de resurgir, pero al español no lo cambia nadie. Se deja humillar hasta límites insospechados antes de rebelarse. Hombres más poderosos e inteligentes sucumbieron. Que se lo cuenten a Napoleón. El general francés Thiébault fue el más certero a la hora de definirnos: «¡Qué terrible lección la de España, entonces sin administración y sin fuerza, y se convirtió en la más potente causa de la ruina y el aniquilamiento de un hombre que en su soberbio desdén por los españoles, creyó que podía robarle impunemente sus flotas, sus ejércitos, sus fortalezas y su rey!».
De Jano García..
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